31 detalles de reparto en Correos

31 detalles de reparto en Correos

Sí, es cierto, Correos reparte correspondencia y paquetería, incluso por las tardes. De hecho, vamos a exponer una serie de puntualizaciones sobre ello:

  1. La sociedad estatal de Correos también trabaja por las tardes, los carteros llevan toda clase de paquetería y correo registrado como notificaciones y certificados. No es de extrañar verles trabajar en turno vespertino.

  2. El cartero de Correos debe llamar al portero automático para depositar avisos de llegada en los buzones si el destinatario no está en domicilio. También procura ser prudente a la hora de hacerlo, intentando que el toque de timbre sea el adecuado para que no moleste al cliente, ni demasiado corto, ni demasiado prolongado.
    Al cliente que se le deja un aviso de llegada de correspondencia es porque no se encuentra en su residencia en ese momento. El cartero, por lo tanto, debe de llamar a otro vecino para solicitarle la apertura de la puerta del portal. Cuestiones planteadas al repartidor tales como ¿y porque no llama usted a la persona que se le deja el aviso?”, no parecen del todo comprensibles. Obviamente, si se le va a dejar un papel informativo de recogida en su buzón, es porque el destinatario no está y por lo tanto la posibilidad de que pudiera abrir la puerta del portal sería nula.

  3. Si el portero automático no funciona, el cartero no tiene porqué saber que existe esa anomalía, evidentemente es responsabilidad del cliente. En este caso el repartidor da por hecho de que no hay nadie en domicilio, ya que esta incidencia no sabe que existe y por lo tanto no puedo obrar de otra manera.


  4. El cartero de Correos espera un tiempo prudencial para que el cliente responda a la llamada. Si esta respuesta se prolonga, el repartidor da por hecho que no hay nadie en domicilio.

  5. El cartero no sabe el contenido de la correspondencia, en todo caso, sólo el remitente. Tampoco sabe los motivos o antecedentes que inducen al envío de mensajes postales por parte de la Administración o los diversos organismos públicos.

  6. El cartero no puede adivinar el domicilio del destinatario si el nombre no figura en los buzones, si no hay cartel informativo del número de la puerta y tampoco en ciertas situaciones como por ejemplo en calles donde no venga el nombre o el número de edificio, finca, nave industrial o chalet.De hecho, y según la normativa,  siempre que los portales tengan más de 2 escaleras el cartero no tiene la obligación de buscar ese envío y se devuelve por dirección insuficiente y que los portales que tienen aledaños locales es necesario que pongan el número de local o nombre de la tienda.

  7. El cartero de Correos no puede intuir lo que está haciendo el cliente en ese momento a la hora de llamar, dícese por ejemplo, si se está aseando, estudiando, durmiendo a personal menor de edad o elaborando platos alimenticios en la cocina. En la medida de lo posible no pretende molestar ni interrumpir ninguna actividad, sino solamente realizar su trabajo lo más eficaz posible.

  8. El cartero no puede volver en 10 minutos, tiene su ruta y con su tiempo ajustado de reparto.

  9. El cartero debe entregar la correspondencia en el domicilio que figura en la misma. Si el cliente recibe correo que no le corresponde, siendo la dirección la correcta, es el destinatario el que tiene la obligación de cambiar los datos de su residencia. En este caso, no le corresponde a Correos realizar la tramitación.
    Tampoco es necesario hacer subir al cartero si de hecho se sabe que no es correcta la correspondencia, que va dirigida a otra persona. Sería tan sencillo como comunicárselo al repartidor por el portero automático.

  • El cartero no se sabe de memoria los nombres de los clientes con sus correspondientes domicilios. Esta hace alusión específica a la pregunta de ¿tienes algo para mí?”.

  • El cartero es una persona normal y corriente que hace su trabajo. Hagamos alusión específica a preguntas del tipo “¿y tú quién eres?”.
    Un cartero es una persona que hace de mensajero entre un emisario y un receptor cuando se envían documentos escritos o paquetes. Es un ser vivo de carne y hueso, generalmente sin antecedentes penales, no es sospechoso de ningún delito y tampoco necesita ser vigilado.


  • El cartero no está sordo, no hace falta chillarle. Es capaz de escuchar al cliente en un tono adecuado de comunicación.

  • El cliente debe firmar en la PDA. Se sabe que es algo complicado, de hecho, esto se le recuerda al repartidor a diario. Quizás no sería tan necesario hacerlo.
    Tampoco es un aparato de lucro y su intención no es reírse del cliente. Su función es muy beneficiosa para él, al registrar la firma y DNI del usuario el mismo día del reparto. Esto representa una gran ayuda ante cualquier problema relacionado con los envíos, garantizando además la absoluta privacidad del firmante.


  • Si el cliente está ocupado y no puede firmar la correspondencia registrada del cartero, éste debe dejar entonces un aviso de llegada: si un envío registrado no se firma, no se puede dejar en domicilio. Tampoco se puede dejar si no se firma en la PDA.

  • Si el cartero llama y no le abren la puerta, aún habiendo personas en el domicilio (esto se puede deducir por sonidos que se escuchan en el interior de la vivienda), no le queda más remedio que dejar una aviso de llegada. Es evidente que no puede hacer otra cosa.

  • El cartero rural puede conocer al cliente y su correspondiente domicilio, pero no, al resto de su familia.

  • El cartero deja el correo en el correspondiente buzón del destinatario pero lo que el repartidor no puede hacer es pronosticar el tiempo atmosférico o el estado de concentración de la memoria del cliente. Mencionables son los casos de cartas humedecidas por condiciones climáticas adversas que el destinatario ha olvidado recoger y que transcurrido el fin de semana se le han hecho al cartero comentarios tales como “Anda, que buena nos has liado”.

  • El cartero debe acceder a los buzones del bloque de pisos para realizar su trabajo. Si este acceso es denegado porque el cliente alega que tiene prohíbida la apertura de la puerta del portal, el cartero no puede traspasar paredes ni puertas, simplemente no pueden entrar.

  • Los portales o descansillos generalmente necesitan de una iluminación adicional. Si ésta dura una fracción de segundo es prácticamente imposible que el cartero pueda visualizar los nombres en los buzones o rellenar avisos de llegada.

  • Algunas notificaciones de Organismos Oficiales requieren la relación de parentesco del receptor del certificado con respecto al correspondiente destinatario.
    Esto es así porque la Administración lo requiere, no por curiosidad del cartero.


  • El cartero no conoce al destinatario de la correspondencia, nunca le ha visto antes, no sabe su nombre. Es normal que pregunte para poder identificar y registrar al receptor. Esto hace alusión a respuestas por parte del cliente del tipo ¡pues claro que soy yo!.

  • El cartero solicita el DNI al destinatario con la finalidad de identificar al firmante.
    Tal actuación no es para incomodar al cliente a que realice una batida de búsqueda en un radio de unos muy pocos metros hasta llegar al habitáculo donde se ubica el mobiliario que guarda el citado documento.
    Esta actuación por parte del repartidor en general es un requisito indispensable ante recepción de documentación importante emitida por las Administraciones Gubernamentales.
  • El cartero es un ser vivo, un conjunto material en la que intervienen sistemas de comunicación molecular que lo relacionan internamente con el medio ambiente en un intercambio de materia y energía, teniendo la capacidad de desempeñar las principales funciones vitales.
    Por lo tanto se puede de deducir sin ninguna duda que el empleado de Correos sí que es alguien.
    Esto hace alusión a comentarios tales como Osea vienes a mi casa, me llamas y tú que no eres nadie me pides el DNI. Tú no eres ni un policía ni un juez para pedirme el DNI, y te lo dice un jurista”.


  • Al cartero se le puede dar los “Buenos días” o las “Buenas tardes” en puntos de encuentro como portales, en la propia puerta de domicilios e incluso en naves industriales. Saludar en estos lugares no es delito ni está penalizado por la Ley.

  • Al repartidor de Notificaciones y Certificados en turno de tarde, y cada día, le puede tocar sitios diferentes en los cuales nunca ha estado. No es de extrañar que puede preguntarle a algún vecino la manera de salir del subsodicho portal. Esta pregunta no es desorbitada.


  • El cartero reparte en la dirección indicada en las cartas. Generalmente esta actuación se realiza mediante la entrada en la puerta de acceso. El repartidor no conoce si existe algún otro compartimento oculto en el cual suele entrar y salir el cliente. Tampoco sabe de la existencia de ninguna puerta trasera.


  • El cartero no lleva folletos publicitarios de ningún tipo. Tampoco puede dejar avisos en el buzón de la publicidad.

  • Al cartero no le debe importar que animales domésticos irrumpan en su labor de reparto: los perros que ladren todo lo que quieran aunque no escuche lo que dice el cliente, que le huelan o se le suban encima.

  • Al cartero no le debe importar que el cliente tenga necesidad en ese momento, y no otro, de terminar de tender la ropa y esperar lo que haga falta. Ya sacará tiempo para todo el resto de reparto que le queda, no hay problema.

  • Al cartero no le debe importar que el cliente esté hablando por teléfono y esperar pacientemente a que éste le atienda, si bien, es posible que se produzcan situaciones en las que el cliente no tenga necesidad de colgar la llamada. Quizás en estos casos el repartidor puede comunicarse con él a través de un lenguaje de signos.

  • El empleado de Correos debe depositar la correspondencia en el buzón de forma correcta. Tiene que procurar que el objeto de papel quede totalmente en el fondo del buzón, si bien quizás, en las coordenadas correctas. Quizás el cliente le de un margen de error de cortesía.


Hasta aquí los 31 detalles de reparto en Correos, 30 detalles reales, ocurridos y vividos. No hay nada inventado, todo es real, como la vida misma.

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